Un niño le pregunta a un amiguito: ¿De cuál abominación eres? El otro le contesta «Bautista».
Las etiquetas religiosas son tan antiguas como el evangelio «Yo soy de Juan, yo soy de Pablo». A la gente le gusta identificarse con otros que piensan igual.
Hubo un tiempo en que a todos los que no éramos católicos, ni Testigos de Jehová, se nos llamaba «protestantes». Luego los misioneros nos trajeron las divisiones teológicas que estaban en Estados Unidos a principios de siglo y entonces dejamos de ser «protestantes» para ser «evangélicos y protestantes». Siempre el menos espiritual era el que estaba en el otro lado.
Luego llegaron los pentecostales, los carismáticos, los neo-pentecostales y, recientemente, los apostólicos así como muchas otras nuevas etiquetas.
La primera vez que hice una presentación en Estados Unidos a un grupo de líderes anglos no encontraba qué hacer. Mi propuesta era sobre los evangélicos hispanos. En mi país podía usar el término «evangélico» para cubrir a todas las «abominaciones». Pero si lo hacía en Estados Unidos los hermanos anglos no me entenderían bien porque para ellos hay una marcada diferencia entre ser «protestante» y ser «evangélico». Para que me entendieran, cada vez que me refería a los evangélicos hispanos, les llamaba en inglés «hispanos evangélicos –protestantes».
Esa distinción que nos han impuesto sigue cambiando. Según artículos recientes en la revista «Christianity Today» y en el periódico «USA Today», en Estados Unidos el concepto «evangélico» está en proceso de metamorfosis.
En las décadas pasadas el término «evangélico» identificaba a los que tenían puntos de vista conservadores sobre la política, la economía y la moral bíblica.
Pero ahora muchos no quieren llamarse «evangélicos». Según estudios realizados por la revista «Christianity Today», para muchos en Estados Unidos e Inglaterra éste es un término negativo que denota extremismo.
Para añadir más leña al fuego, los «evangélicos» de hoy no son todos iguales. Aunque el 38% de los americanos se llaman «evangélicos», según la empresa de investigación «Grupo Barna», sólo 9% concuerdan realmente con la creencia evangélica dominante.
Pero las diferencias son más grandes cada día. En una encuesta realizada en 2006 en los Estados Unidos entre 4.014 adultos, «uno de cada cuatro autodefinidos como evangélicos dijeron que no han aceptado a Cristo como su Salvador». Algunos se llaman «evangélicos» para distinguirse de los grupos más liberales del cristianismo histórico.
Mark Bailey, presidente del «Seminario Teológico de Dallas» (Dallas Theological Seminary), que se define a sí mismo como un «cristiano bíblico», dice que el término «evangélico» está tomando mala fama porque la «gente que predica valores en su nombre no los vivió en sus acciones y políticas».
El cambio entre los «evangélicos» es más visible cada día.
- El pastor Jim Wallis, de «Sojourners/Llamada a la renovación» (Sojourners/Call to Renewal), aboga por una agenda evangélica centrada en puntos tales como la paz, la lucha contra la pobreza, el ambiente y la libertad religiosa.
- Una alianza de 40 de líderes liberales bautistas, incluyendo a expresidentes como Jimmy Carter y Bill Clinton, planean publicar un «nuevo convenio Bautista» que va más allá de compartir el evangelio de Jesucristo e incluye la acción social por la justicia.

- «El Instituto para el cristianismo progresivo» (The Institute for Progressive Christianity), un grupo que se describe como «arraigado firmemente en las Escrituras y centrado en la ética y la justicia social», promueve «la tolerancia, la diversidad y la razón.»
- «Los demócratas fieles» (Faithful Democrats) un grupo de fe que tiene comunidad en la Internet y está formado por pastores, eruditos y comentaristas defendió recientemente a Rick Warren. El famoso escritor y pastor se metió en problemas cuando invitó, al ahora candidato presidencial, Barack Obama (que aboga por el derecho al aborto) a hablar en una conferencia del SIDA en su iglesia de California.
- «Los cristianos de las palabras en Rojo» (Red-Letter Christian) se centran en promover la pobreza, la paz y el ambiente. Ellos acentúan las palabras de Jesús que en algunas Biblias se destacan en rojo.
Para muchos, ser «evangélico» en este país no significa pensar igual que los líderes evangélicos que apoyan la guerra de Iraq, que niegan con sus acciones lo que predican y que se distancian de las luchas del inmigrante con muros de silencio y apoyando leyes injustas.
Cada día parece ser que el término «evangélico» está tomando nuevos matices y los colores de la etiqueta no son ahora de un solo color, sino que comienzan a ponerse como los de un arcoiris.
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Saludos Melvin
Tengo la percepción de que en Argentina la denominación “evangélico” difiere en un algún modo de la que podría definir el americano o el europeo. Creo que tiene que ver con la raíz idiosincrásica de la gente común de estos lugares.
Sostengo firmemente que todavía persiste un aire discriminatorio, de manera que quien se confiesa como evangélico pasa a ser considerado como el diferente. Eso, en principio debería ser así. Pero el hecho es que este “diferente” tiene una implicación de menoscabo, de desvalorización.
Se lo comento con un ejemplo:
Si de repente surge una persona que se destaca en alguna profesión, y a posteriori toma publicidad su status de evangélico, más de uno dirá ¡Que increíble…una persona tan inteligente…!
Paradójicamente, cada vez más se escucha a sacerdotes católicos, sobre todo carismáticos, que utilizan asiduamente la palabra “evangélico” para referirse a la obra de Cristo (o a su propia obra).
Entonces, la caída de las barreras denominacionales y la carismatización de ciertos sectores del catolicismo, más todas las sectas y empresas, como la Iglesia Universal del Reino de Dios, etc, hacen que cuando alguien dice ser evangélico, uno no puede estar muy seguro de la fe que profesa su interlocutor, es decir si deberíamos considerarlo hermano o no.
En Argentina, poco se utiliza la palabra “protestante”. Solo los más cultivados o antiguos entienden de que se trata. Los nuevos conversos, en especial los provenientes de los estratos sociales más bajos, no tienen la menor idea de lo que significa “protestante”.
En fin. Así como recientemente propuso una suerte de referéndum acerca del nuevo nombre para “Mercado Cristiano”, no vería desatinada la idea de hacer uno para sondear opiniones acerca de como deberíamos llamarnos los cristianos, protestantes, reformados, mesiánicos, evangélicos, o como sea.
Un saludo afectuoso.