El comediante cristiano puertorriqueño Jota Erre dice que a los niños no deben ponerle nombres cuando nacen, sino un número.
Así cuando el niño crece y es adulto puede decidir qué nombre prefiere y no cargar con el horrible nombre que le pusieron sus padres.
A mí siempre me inquietó mi nombre. Como soy extremadamente curioso e investigador decidí darle una miradita al mismo.
Un nombre único
Según el sitio Behind the name.com (Lo que hay detrás de un nombre) dice que el significado de mi nombre es «amigo consejero». Cuando nací, una prima lo seleccionó y se lo recomendó a mi madre que después del susto del parto no tenía cabeza para buscar otra alternativa. Siempre pensé que fue por un actor de esa época llamado Melvin Jones porque el nombre ha estado relacionando con el cine (¡qué pretencioso soy!).
Hay muchas películas con actores de nombre Melvin. Pero lo que menos me gustó, fue encontrarlo en un documental titulado «Just Melvin, Just Devil» (Sólo Melvin, sólo el diablo) y cuya historia es sobre el poder destructivo que el hombre puede tener.
Pero el nombre es muy común en los Estados Unidos. Según el sitio namestatistics.com (Estadísticas de nombres) es el nombre número 124 entre los nombres masculinos más comunes de este país. ¡Existen alrededor de 198,450 hombres y 1,275 mujeres que se llaman Melvin! Ahora entiendo por qué a veces recibo cartas que dicen Srta. Melvin Rivera.
Por otro lado, en el sitio How many of me? (¿Cuántos tienen mi nombre?) la cifra es diferente, dicen que hay 244,474 personas con el nombre Melvin y 338,965 con el apellido Rivera. La verdad es que no me importa cuál está correcto lo que sí sé es que el nombre no es exclusivo.
Como siempre he tenido manía con mi nombre he llegado a la conclusión que la culpa la tienen mis amiguitos de escuela. Cuando era niño y me preguntaban en la escuela ¿Cuál es su nombre respondía? «Melvin E. Rivera». La maestra volvía a preguntar: ¿Que significa la «E»? y yo le respondía: «Edgardo» a lo que mis amiguitos, sin misericordia, cuando querían molestarme, me llamaban «Melvin, el gato». Desde ese día enterré la «E» y al «Edgardo», pero no pude hacer lo mismo con el nombre gringo de «Melvin».
Como siempre he tenido curiosidad por mi nombre, decidí investigar no sólo el nombre, sino también el apellido. Como hay tantos Melvin Rivera en los Estados Unidos, escogí llamarme Melvin Rivera Velázquez (con excepción de la cabecera y el dominio de este Blog porque allí resulta muy largo el nombre). Algunos que tienen mi nombre prefieren que les llamen «Mel» como el actor Mel Brooks. A mí también me gusta más el «Mel» que el «Melvin» y algunos amigos me llaman así.
El inicio de apellido
Una vez en la historia la gente solo usaban el nombre, no tenían apellidos como los de las telenovelas mexicanas «Antonio Santamaría de la Roca Bustamante».
Llegó un momento que habían demasiados Juan, Pedro y María. Entonces para distinguirlos decidieron que usaran después del nombre, otro distintivo. Los nombres estarían relacionados con alguna característica de la persona.
Por ejemplo algunos serían toponímicos (relacionados con el área donde vivían) y otros fisiológicos (relacionados con alguna característica de su cuerpo). Por ejemplo, si vivía cerca de un río se llamaría «del Río», «Lagos», «Vega», «Llanos» o como yo «Rivera». Si era flaco podría ser su apellido «Delgado». Si vivía cerca de un árbol le ponían como apellido el nombre del árbol por ejemplo «Robles». Si poseía animales entonces podía ser, por ejemplo, de apellido «Cordero».
Por supuesto que con el tiempo se produjeron combinaciones interesantes como cuando una mujer se casaba y al unir su apellido con el de su marido quedaban combinaciones risibles como «María Vaca del Toro», «Dolores Fuertes de Barriga», «Zoila Gallo del Campo» o «Zoila Cordero del Corral».
Otras combinaciones que resultaron interesantes fueron: «Luisa Nieto Delgado», «Rafael Pino Troncoso», «Aquiles Pinto Flores», «Enrique Pastor Maldonado», «Soledad Buendía», «Norma Rosa del Campo», «Armando Placeres», «Natividad Belén Santamaría», «Pascual Conejo Enamorado», «Román Calavera Calva»,«Eva Fina Segura», «José Luis Lamata Feliz», «Pascual Conejo Enamorado», «Pedro Cumplido Alegre», «Isolina Gato Sardina», «Emiliano Moreno del Pozo», «Ana Cabeza Grande», «Sandalio Botín Descalzo», «Armando Puertas», «Antonio Bello Hermoso», «Armando Guerra y Camorra» o «Manuel Regañón Montón». (Todos estos nombres y apellidos son reales).
Mi apellido se originó porque el primer «Rivera» vivía en la ribera de un río. Mientras realizaba mi investigación encontré que el primer «Rivera» en la historia era gallego. Acabo de decidir no contar más chistes de gallegos.
Pero volviendo a mi nombre, según un amigo, el sacerdote Kenneth Joseph Smith, profesor de Biblia en el Instituto Bíblico hispano de Nueva York, mi nombre es muy común entre los afroamericanos en Estados Unidos. ¿De donde sacarían el Melvin?
Pero para aumentar mi confusión descubrí que «Melvin» fue el nombre de un extraterrestre creado en el 1975, por Joaquín Blázquez, un dibujante de comics catalán. Su personaje se llamaba «Melvin, el extraterrestre». Este aparentemente fue víctima de los creativos de Hollywood que en el 1982 lanzaron una película con un extraterrestre parecido a «Melvin» y que se llamó «ET». El padre de «Melvin, el extraterrestre» quiso entablar demanda contra «ET», pero el dedito poderoso del personaje de Hollywood lo desanimó.
Melvin el elefante feliz
Pero el nombre famoso no termina con una aventura extraterrestre en España. En México desde 1989 Melvin es un elefante que promociona los Choco Krispies, un cereal de cholate y leche. Melvin es amigo del tigre Toño (que alivio no soy el único con nombre de un animal).
Conclusión
Después de este recorrido investigativo sobre mi nombre y mi apellido he llegado a la conclusión que Melvin no es un nombre tan feo. Mi mamá, que para esa época era católica, pudo mirar el santoral católico y ponerme el nombre del santo del día en que nací (5 de enero hace 37 años y 240 meses). Si eso hubiera ocurrido este Blog se llamaría simeónrivera.com
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jajajaaja… muy buenooooooooooo
Creo que veo a tu mamá llamando: «Simeón, ay bendito! ¿dónde está este chico?»