Ayer fue mi cumpleaños y decidí hacer confesiones. Cada vez que cumplo años me acuerdo de Walter Mercado. Cuando yo era un niño Walter era un galán de telenovelas en Puerto Rico (o sea que nunca ha dejado la actuación). Un reportero le preguntó una vez ¿Qué edad tienes? Walter le respondió «Yo soy como el sol…. nazco todos los días».
Aunque no soy tan viejo como el sol, les voy a confesar tres cosas que usted posiblemente no conoce de mí. Todas ocurrieron a finales de la década del sesenta y principios del setenta:
1. Mis tiempos en la política
Fui líder del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) en el pueblo donde crecí (Santa Isabel). Puerto Rico es un país que no está en la época post-colonial, sino que sigue en la etapa colonial. En el país ahora todos los partidos políticos lo reconocen aunque cada uno presenta diferentes soluciones. En la década del sesenta muy pocos aceptaban esa realidad.
Una vez la policía me arrestó por invasión de terrenos. Organicé a un grupo de gente pobre sin vivienda e invadimos una finca del gobierno que durante décadas no le daban uso.
El tema del día era la guerra de Vietnam. Organicé decenas de jóvenes y marchamos en múltiples ocasiones para protestar (estaba predestinado a ser protestante) contra una guerra que considerábamos injusta e inmoral.
En ese tiempo redoblé la vida de oración de mi mamá. Había decidido negarme a pelear en Vietnam por razones de conciencia. Como el servicio militar era obligatorio, y estaba en edad para ser llamado al servicio, ella no cesaba de orar porque sabía que terminaría en la cárcel.
Un día recibí notificación para ir a una base militar a tomar los exámenes que me cualificarían para ser reclutado. Mi plan era: tomaré el examen y si me informan que cualifico ahí mismo me declaro objetor por conciencia.
Por una extraña razón, que no entendí, al siguiente día me dijeron que regresara a mi casa porque no cualificaba para ser soldado.
No sé si la misericordia de Dios por las oraciones de mi madre, o por los planes que tenía para mi vida, el resultado del examen fue que no tenía suficiente capacidad para ser un militar.
Para esa época la policía en Puerto Rico les abría un expediente secreto a todos los líderes independentistas. Mi padre, que era del partido del gobierno, recibió una vez la visita de un agente de seguridad que le enseñó un archivo de fotos que me habían tomado en manifestaciones públicas y en reuniones con otros activistas. El agente le pidió a mi papá que me persuadiera para que dejara mi activismo.
Discutí con mi papá y terminé mudándome a una casa vacía que tenía mi hermano. Viví allí hasta que me tocó lavar y planchar la ropa y cocinar para poder vivir. De repente (¡que coincidencia!) me di cuenta que las diferencias con mi viejo no eran muchas y regresé a la casa.
Hace unos años el gobernador de Puerto Rico declaró inconstitucional esa práctica y le exigió a la policía descontinuarla. Le devolvieron a todas las personas fichadas la carpeta que guardaban de ellos. Ya estaba viviendo en Estados Unidos y no pude ir a recuperar mi carpeta, la que supongo que destruyeron después del período de tiempo que dieron para recogerla.
2. Mis tiempos en el teatro
Estudié teatro durante dos años en una academia de arte dramático en la ciudad de Ponce. Participé en varias obras como actor secundario, sonidista y dirigí una obra. Algunos de mis compañeros de clase siguieron la carrera y ahora son actores de telenovelas en Puerto Rico.
Algunas de mis actuaciones fueron con personajes que sólo decían dos oraciones (en una obra de hora y media) las cuales practicaba por días, horas y semanas.
Me gustó más dirigir que actuar. Es algo que me persigue desde pequeño. Cuando era niño en mi barrio yo era el único que tenía un bate y una pelota para jugar béisbol. Mis amiguitos me invitaban a jugar y luego me decían «párate al lado de la primera base y dirige».
Siempre tuve la sospecha que me mandaban a dirigir porque era un «terrible pelotero», pero.. era el dueño del bate y la bola. Como dice una amiga «el que sabe, sabe, y el que no, es jefe».
3. Mi momento más embarazoso
Era la época de los hippies, aunque nunca fui uno, me dejé el pelo largo y como lo tengo rizo lo convertí en un afro (también usaba zapatacones). Tenía un amigo excéntrico medio hippie que era pintor. Mi amigo fue seleccionado por el Museo de Arte de Ponce para una exposición de sus obras.
Como Carlos vivía en el viejo San Juan (Norte de Puerto Rico) y la ciudad de Ponce, donde yo vivía en ese momento, queda al sur de la isla, me pidió que le consiguiera hospedaje. Le conseguí una casa de playa que me prestó un amigo.
El domingo en la tarde me fui a la casa de playa para ver cómo la estaba pasando. Mi amigo estaba encantando con la playa y la casa y mientras hablábamos se excusó porque quería entrar nuevamente con su novia al mar. Como a mí me encanta el mar, decidí quedarme un rato en el balcón de la casa disfrutando de la fresca brisa y el sonido de las olas.
La casa estaba localizada en una playa muy concurrida. Un rato después vi a mi amigo y su novia regresar de la playa seguidos por una multitud de muchachos jóvenes.
Mi excéntrico amigo y su novia habían decidido practicar lo que estaba de moda en ese tiempo, desnudarse en un sitio público. La playa estaba atestada de gente, en un segundo se corrió la noticia de la presencia de una pareja desnuda en la playa. Una multitud de muchachos los esperó a que salieran del agua, se pusieran la ropa y los siguieron hasta la casa gritándoles “¡Otra! ¡Otra!¡Otra….veeeez!.
Al llegar a la casa, la muchedumbre rodeó la vivienda. Uno de ellos, al verme dentro de la casa, me identificó y empezó a gritar «¡Que salga Melvin! ¡Que salga Melvin! ¡Que se quite la ropaaa!». La multitud se unió al coro.
Al otro día, un alumno le dijo a mi esposa Aradí, que era maestra en la escuela donde estaba la playa, ¡Maestra, ayer había una pareja desnuda en la playa, pero un señor que estaba en la casa no quiso salir a desnudarse!
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Feliz cumpleaños, jejeje. Has tenido una vida divertida, lo mejor es que ha habido oportunidad de corregir errores y reforzar convicciones valiosas.
Algún día seré como tú, espero, si es que envejesco, jajaja