hombreconoidoenelpiso275.jpgOtro inspirador de dudas importante es el mal comportamiento entre cristianos e iglesias; el comportamiento defectuoso de los religiosos plantea dudas frecuentemente acerca de la legitimidad de la fe cristiana. Esto es crucial, tanto para personas que concurren a la iglesia como para los que no lo hacen.

Otro, es la cuestión de qué ocurre con las personas que no creen. Parece tan injusto y poco compasivo cuando algunos cristianos parecen casi superficiales en su disposición a consignar a la mayor parte de la raza humana al infierno. El hecho mismo de que cristianos compasivos llegan a amar realmente a sus prójimos los hace dudar de esta actitud endurecida y superficial hacia sus prójimos de parte de predicadores como yo. Los cristianos sensibles sienten que debe haber una respuesta mejor.

Consejería para los que dudan

Si usted fuera a abordarme con cualquiera de estos temas difíciles, lo último que quisiera hacer es ofrecerle una respuesta breve y fácil. Considerar con respeto sus dudas nos llevaría a desarrollar una relación auténtica, involucrarnos en una verdadera conversación y recorrer un proceso algo largo. En cada caso, creo que comenzaría por afirmar lo bueno que usted está buscando: verdad, autenticidad, sinceridad, compasión, justicia. Luego, más que dar respuestas, lo ayudaría a idear varias respuestas posibles; lo ayudaría a crear opciones. Luego, juntos, evaluaríamos las opciones a la luz de la Biblia, la experiencia, las cosas que hemos leído o escuchado de personas sabias.

En vez de aparecer como el gran maestro con todas las respuestas, trataría de arrimarme a usted como un compañero en busca de esas cosas buenas: verdad, sinceridad, justicia, y todo lo demás. Y esto es muy importante: trataría de ayudarlo a seguir orando durante el proceso, porque, en última instancia, la fe no se trata sólo de respuestas o conceptos; tiene que ver con reconocer que muchas de las verdades más grandes de la vida serán misterios para nosotros debido a las limitaciones de nuestra diminuta inteligencia.

Tiene que ver con recurrir a Dios para que nos guíe, y pedir la ayuda de Dios para que podamos ser buscadores sinceros y de buen corazón. Esta es la fe de un niño, en mi opinión. No se trata de ingenuidad o pereza intelectual, sino de hacer preguntas y tener una curiosidad insaciable por la verdad, y acudir a alguien que sabe más que nosotros.

La duda como instrumentode creciemiento

Por eso estoy tan convencido de que la duda puede ser un portal hacia el crecimiento espiritual. Lamentablemente, como la mayoría de las vías de crecimiento, suele ser dolorosa. El dolor intelectual es un costo subestimado de seguir a Cristo. Si no me interesara seguir a Cristo, no me importaría demasiado ser sincero, buscar la verdad, enfrentar la realidad… Estaría más tentado a simplemente seguir la corriente, tomar el camino fácil, tal vez anestesiando mi dolor intelectual en vez de perseverar a través de ese dolor hacia la verdad.

Si usted está atravesando esa clase de dolor intelectual ahora mismo, vuelvo a decirle que quiero alentarlo a orar al respecto… a ponerlo todo ante Dios. Es que la clase de dependencia de Dios que usted está ejerciendo ahora, en medio de la incertidumbre y la confusión, puede ser la forma más pura de fe que se encuentra en el planeta Tierra. Involucra un acto de la voluntad y una valentía que creo que debe ser más valioso –tal vez hasta heroico– que lo que normalmente nos damos cuenta. Además, lo alentaría a buscar un círculo de amigos con quienes pueda ser transparentemente sincero.

Recuerdo una vez, durante mi tiempo en la universidad, que derramé mis dudas ante un buen amigo. Me escuchó, y nunca olvidaré lo que dijo: “Brian, en este momento preciso nada de esto te parece real. Pero sentado del otro lado de la habitación hay un amigo tuyo cuya fe es fuerte en este preciso instante, y sé que enfrentaremos esto juntos”. Su presencia y su amistad me ayudaron a superar la marea baja de mi fe.

Oportunidad para subir a un nuevo nivel

Quiero hacer algo más por usted, si está pasando por una marea baja de la fe. Quiero alentarlo a subir a un nuevo nivel de pensamiento cristiano investigando nuevos autores y conferencistas. Obviamente, si el pensamiento al que ya está siendo expuesto fuera suficiente para abordar las preguntas que está haciéndose, usted no tendría un problema. El hecho de que su fe está luchando significa que usted necesita nuevos maestros. Eso significa, en la marea baja, aceptar el desafío de pensar más, y no menos; más profundamente, y no más superficialmente.

Así que podría significar que está listo para leer a C. S. Lewis y Peter Kreeft, Phillip Yancey y Romano Guardini, Lesslie Newbigin y Nancey Murphey, San Agustín y Blas Pascal, León Tolstói y Fiódor Dostoievski, Walker Percy y Tomás Merton. Probablemente haya escuchado la cita que dice algo así: una mente que se estira para incorporar un nuevo pensamiento nunca se encoge a sus dimensiones anteriores. En tiempos de duda, es ineludible: deberá estirarse.

Pero, de nuevo, ¿acaso no debería ser así? ¿Acaso un cristiano que crece no debería tener una comprensión que crece? ¿No vale la pena sufrir algún dolor intelectual para tener una fe vibrante, sincera y probada?

En Finding Faith hablo acerca de esto con algún detalle. Describo cómo la fe parece crecer en una especie de espiral iterativa y ascendente que tiene cuatro etapas. Llamo a la primera etapa sencillez, donde todo es simple y fácil, blanco y negro, conocido o conocible. Luego viene la complejidad, cuando uno se centra en las técnicas para encontrar la verdad, ya que el escenario se ha vuelto más complejo.

La etapa de la madurez y la humildad

Después viene la perplejidad, cuando uno se vuelve una especie de aprendiz desilusionado, donde duda de todas las figuras de autoridad y los absolutos, donde todo parece relativo y difuso. Solía llamar a la cuarta etapa madurez, pero un amigo señaló que sería mejor llamarla humildad, porque en la cuarta etapa uno acepta sus limitaciones, y aprende a vivir con el misterio, no como una forma de transigir, sino como una realización sincera de que sólo Dios entiende todo. Uno sale de la cuarta etapa llevando una lista más corta de creencias probadas y atesoradas en las que basa su vida, y con muchos de sus dogmatismos anteriores sostenidos no tan fuertemente. En un sentido, una persona sigue encontrando fe y luego frustrándose con ella y, en cierto sentido, perdiéndola, para luego encontrar una mejor versión de ella, y así sucesivamente, tal vez como la actualización de un software…

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Fue esto lo que me ocurrió a mí. En esta etapa de mi vida, he tamizado y he vuelto a tamizar, y he tenido que dejar algunas creencias, mientras que otras han demostrado que merecen ser guardadas. Es aquí donde Jesús es tan maravilloso y de tanta ayuda para una persona cuya fe está en una marea baja, porque Él consideró todo el sistema religioso de los fariseos, que era tremendamente complejo y lleno de inconsistencias, y básicamente dudó de él. Tamizó mucha basura y redujo el resto a algunos conceptos básicos hermosos… como amar a Dios con todo nuestro corazón, mente, alma y fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo. Prefiero que alguien esté seguro de estos pocos conceptos básicos y viva según ellos a que esté seguro de un millón de puntos finos de teología sistemática, y no viva según el llamado de Cristo a amar.

Las dudas en la iglesia

A veces pienso que nuestras iglesias son como el estado de California, construida sobre una “falla de San Andrés” de dudas reprimidas. Bajo una superficie hermosa, la presión de las dudas no expresadas ni resueltas se está acumulando para cada vez más personas y, tarde o temprano, todo el paisaje se resquebrajará y se desmoronará. La situación se intensifica por este punto precario de la historia en el que nos encontramos, esta transición entre un mundo moderno languideciente y un mundo posmoderno emergente.

Tal como lo veo yo, todos hemos sido discipulados en una versión completamente moderna del cristianismo, y aquí nos encontramos en medio de una transición hacia un mundo posmoderno. Como resultado, nuestra apologética y teología sistemática modernas parecen cada vez más desactualizadas para quienes somos personas más posmodernas. Por eso pienso que estamos acercándonos a un tiempo de verdadera conmoción, con personas que plantean nuevas preguntas posmodernas que los cristianos modernos aún no han comenzado a contestar.

Pero es aquí donde aparece la fe, una fe que se apoya en Dios mismo, y no en nuestra propia comprensión, incluyendo nuestra propia comprensión teológica. Tenemos el desafío de creer que hay buenas respuestas allá afuera, si tan sólo tenemos la valentía de insistir a través del dolor intelectual de cuestionar, buscar, aprender y estirarnos. Creo a Jesús cuando dijo que nunca nos dejaría ni nos abandonaría, y esto incluye aun cuando cuestionamos. O, como dijo Pablo: aun cuando seamos infieles, Dios permanece fiel. Es irónico: cuanto más libre me encuentre para dudar de mis creencias específicas, más libre me vuelvo para aferrarme a esa fe personal en Dios. En el punto en que la marea de la fe parece más baja, si perseveramos y no nos damos por vencidos, veremos cómo vuelve de nuevo.

Traducción: Alejandro Field
© Copyright 2003-2006 Brian McLaren

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