Hay libros que nos atrapan y necesitamos leerlos dos veces y repensarlos cuando estamos frente a la realidad de nuestras vidas. Algo así me pasó con Empresas que sobresalen (Good to Great), de Jim Collins (Editorial Norma), autor de otro famoso libro «Empresas que perduran» (Build to last).
Empresas que sobresalen es el libro definitorio de la administración de empresas en esta década. Si un líder cristiano sólo tuviera tiempo para leer un libro de administración este año le recomendaría éste.
A mi me hubiera gustado más las traducción del título «De buenas a excelentes» porque de eso trata la obra. No trata sobre empresas que sobresalen, sino sobre empresas que estaban bien y pasaron a ser excelentes. Entre ellas se encuentran firmas como: Walgreens, Circuit City, Wells Fargo, Abbott, Gillette, Kimberly-Clark, Bank of America, entre otras.
En Empresas que sobresalen Collins y su equipo de investigadores estudiaron un grupo de compañías que lograron y sostuvieron buenos resultados, por lo menos, por un período de 15 años. Después del salto generaron rendimientos siete veces superiores al mercado general y el doble de un índice compuesto de las mayores compañías del mundo. Luego compararon estas empresas con un grupo cuidadosamente seleccionado de otras que se quedaron siendo buenas o que dejaron de serlo.
Lo bueno vs. lo sobresaliente
Hay un dicho: «Lo bueno es enemigo de lo excelente», este libro confirma este refrán. Collins asegura: «Que lo bueno sea enemigo de lo sobresaliente no es sólo un problema de los negocios, es un problema humano», y tiene razón. Muchas iglesias y ministerios no mejoran porque están contentos con estar bien. «Para qué complicarnos la vida», me dijo una vez un pastor cuando tratábamos de soñar.
El libro de Jim Collins no es sólo para empresarios sino también para líderes de ministerios. Él mismo lo sugiere en el epílogo donde dice que los principios también se pueden aplicar en iglesias y organizaciones sin fines de lucros.
El libro tiene mucho con lo que podemos identificarnos. Jim Collins utiliza el ejemplo de cómo el CEO de Gillette (un creyente comprometido) llevó la empresa a los niveles de excelencia. Su ejemplo es muy interesante. Sacrificó el beneficio económico personal tomando decisiones que le perjudicaban como accionistas para que la empresa tuviera éxito a largo plazo.
Jim Collins redefine muchos principios gerenciales, pero el que más me llamó la atención fue la definición del perfil de los líderes de estas empresas súper-exitosas. Para mí fue revelante la poca coincidencia de este perfil con el de muchos de nuestros líderes de iglesias y ministerios que conocemos.
Según los resultados del estudio los líderes de las empresas extraordinarias se caracterizan porque:
- Son más como Lincoln o Sócrates que como Platón o César.
- Son humildes, modestos, auténticos, con poco afán de figurar (nunca se jactan) y rechazan la adulación pública.
- Construyen grandeza durable mediante una paradójica combinación de humildad personal y voluntad profesional.
- Son transparentes, capaces de admitir públicamente que no saben sobre un asunto.
- Cuando tienen malos resultados, miran al espejo y no hacia fuera, no buscan factores externos, ni de mala suerte.
- Muestran una resolución terminante de hacer lo necesario por lograr los mejores resultados a largo plazo.
- Cristalizan el compromiso para buscar vigorosamente una visión clara y fomentan las más altas normas de rendimiento.
- Son amados por su equipo porque todos cierran filas entusiasmados por los resultados.
- Actúan fríamente y confían para motivar, en normas que inspiren, no en el carisma.
- Sacrifican su beneficio personal por el éxito de la organización.
- Se ven como mentores para facilitar el crecimiento de otros.
- Escogen un sucesor para lograr aún más éxito en la siguiente generación.
Los ministerios cristianos y sus líderes
Lo interesante de este hallazgo es que este no es el perfil que normalmente buscan en un líder las Juntas de Directores de ministerios cristianos. Fíjense como Collins lo describe: «Un individuo que combina una humildad personal extrema con una voluntad profesional intensa. Un individuo modesto, pero que muestra una decisión inflexible de hacer lo que sea necesario para convertir su compañía en sobresaliente. Desvía de sí mismo sus necesidades egoístas y las canaliza hacia una meta más amplia de crear una gran compañía. No es que no tengan intereses personales; en efecto, estos líderes son increíblemente ambiciosos, pero su ambición es ante todo para su institución, no para sí mismos».
Si esto hubiese sido un estudio sobre Jesús y su estilo de liderazgo tendríamos resultados similares. Jesús construyó grandeza por su entrega al prójimo, sacrificó su vida por nosotros, formó un equipo de doce seguidores para que siguieran la tarea. Fue un maestro, un mentor y su mirada estaba puesta no en el corto plazo de la lucha política contra el imperio romano; sino en algo más trascendente: la salvación de la humanidad.
El concepto de Jesús como ejemplo del mejor líder acaba de ser reconocido por Ken Blanchard, el famoso autor de los clásicos «¿Quién movió mi queso?» y «El ejecutivo de un minuto».
Blanchard dijo recientemente: «Cuanto más leo la Biblia, veo que es más evidente que Jesús hizo a la perfección todo que lo he enseñado o escrito en los últimos 25 años sobre la gerencia eficaz. Él es simplemente el modelo más grande de liderazgo a toda hora».
Ken Blanchard escribió recientemente su primer libro cristiano sobre integridad y compromiso con Phil Hodges. El Grupo Nelson acaba de publicarlo en español con el título «Un líder como Jesús». Ambos autores definen el liderazgo como una influencia en una dirección positiva o negativa y a Jesús como el líder más grande de toda la historia. Nos recuerdan que el mejor líder sirve a otros y no a sí mismo.
Según ellos, este liderazgo proviene de varias fuentes personales:
- el corazón, el centro del empuje del líder;
- la cabeza que formula las estrategias y el movimiento para avanzar,
- las manos que se relacionan con las acciones específicas que se hacen,
- los hábitos que se relacionan con la consistencia y la previsibilidad de las acciones.
Es una vergüenza para la iglesia que habiendo tenido un líder de nivel cinco que hace dos mil años nos dejó un legado y unas enseñanzas, todavía tengamos líderes de otras categorías.
Hace un tiempo un joven que se iniciaba en el liderazgo me pedía un consejo. Sin haber leído este libro le dije: «Búscate un líder que tenga las características del estilo de liderazgo de Jesús y pídele que sea tu mentor. Cuéntale todos tus planes, tus sueños, tus logros y tus fracasos. Deja que Dios te hable a través de ese consejero». El joven me preguntó con cara de asombro ¿Dónde consigo a este líder? Evidentemente no podía identificar entre los líderes conocidos uno que se identificara con las características de liderazgo de Jesús.
A veces pensamos que un ministerio que crece equivale a tener un buen líder. En mi caminar en el ministerio he visto más líderes cinco en iglesias pequeñas con poca membresía que en los grandes templos. Esto no quiere decir que no los haya. También hay líderes como Jesús en los grandes ministerios.
Muchos ministerios, como muchas de las empresas de este estudio, no sobreviven otra generación. Algunos líderes hacen todo lo posible para que al sucesor le sea imposible hacer su trabajo bien.
A veces pienso que el problema no está con los líderes de los ministerios, sino con las Juntas Directivas que los escogen. He participado en docenas de Juntas de ministerios e iglesias y siempre veo el mismo patrón. Por lo general, cuando se busca un líder de ministerio se busca a un súper hombre o súper mujer que se destaca por su personalidad férrea, don de mando, reconocimiento público, y otras características que nada tienen que ver con el nivel cinco. Es como si las Juntas se sienten seguras con este perfil de líder. Al poco tiempo todos descubren que el líder escogido no es el que necesitaban y muchos ministerios desaparecen en la búsqueda de su líder. Una y otra vez descubrimos que los líderes cristianos inteligentes, pero con un ego de proporciones colosales contribuyen a la posterior decaída, desaparición y continua mediocridad de los ministerios.
El liderazgo de nivel cinco que define Collins en Empresas que sobresalen es el estilo de liderazgo de Jesús. Un líder humilde, modesto pero de voluntad firme y casi estoica decidido a hacer lo que sea necesario y sacrificarse con tal de cumplir su misión y formar a sus seguidores y discípulos. Ojala y que aprendamos con Jesús y que reconozcamos que en la Biblia tenemos la mejor guía para el éxito en la vida y el ministerio.
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Melvin, me gustó mucho este artículo (de hecho ya lo estoy recomendando) y creo que cada comité de púlpito o junta directiva debía usar la lista de las características del líder de empresas extraordinarias cuando necesiten reemplazar un pastor o líder de la iglesia.
Bendiciones,
Joel Calleiro